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Descubren evidencia de un mundo perdido del tamaño de una Luna en los albores del cosmos

Descubren evidencia de un mundo perdido del tamaño de una Luna en los albores del cosmos

2026-06-23T08:40:19.036408+00:00

La roca espacial que cuenta una historia antigua

Tengo que compartir esto contigo. Es uno de esos descubrimientos espaciales que te hacen parar y pensar en lo extraño que es el pasado de nuestro sistema solar.

Imagina esto: hace 4.500 millones de años, cuando el Sol todavía era un jovenzuelo y los planetas apenas empezaban a formarse, existía otro mundo ahí fuera. No un pequeño asteroide ni un pedazo de escombros espaciales, sino un protoplaneta de tamaño completo, potencialmente tan grande como nuestra Luna, quizás acercándose al tamaño de Marte.

Y luego fue destruido. Completamente destrozado en pedazos.

Nunca supimos que existía. Hasta ahora.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Colorado Boulder acaba de publicar hallazgos sobre un meteorito llamado Northwest Africa 12774 (conocido cariñosamente como NWA 12774 entre los geeks del espacio), y lo que han encontrado dentro es bastante extraordinario. Esta pequeña roca, recogida del desierto del Sahara, guarda secretos de un mundo que ya no existe.

¿Qué tiene de especial este meteorito?

El meteorito pertenece a un grupo raro llamado angritas. No son rocas espaciales cualquiera. De las más de 80.000 meteoritos descubiertos en la Tierra, solo 68 son angritas. Son rocas volcánicas que se formaron apenas unos millones de años después del nacimiento de nuestro sistema solar, lo que las convierte en algo increíblemente antiguo y valioso para los científicos que buscan entender los orígenes planetarios.

Esto es lo que dejó perplejos a los investigadores durante años: las angritas tienen una composición química muy inusual. En comparación con la Tierra, Marte y otros planetas rocosos, contienen sorprendentemente poca sílice, uno de los ingredientes más comunes en los planetas terrestres. Por esta química extraña, los científicos asumieron que estos meteoritos venían de asteroides pequeños y débiles, nada más grande que 200 kilómetros de diámetro.

Pero NWA 12774 contaba otra historia.

La pista escondida en los cristales

Cuando el equipo de investigación examinó de cerca este meteorito, encontraron clinopiroxeno, un mineral que vemos comúnmente en la corteza y el manto de la Tierra. Nada inusual ahí. Pero aquí es donde se pone interesante: el clinopiroxeno de este meteorito contenía niveles inusualmente altos de aluminio.

Esto puede sonar como un detalle menor, pero en realidad es una pista enorme.

Esta forma particular de clinopiroxeno solo puede formarse bajo presión extrema, específicamente al menos 17,5 kilobares de presión. Para poner eso en perspectiva, la presión en el fondo de la Fosa de Mariana (el punto más profundo del océano terrestre) alcanza solo около 1 kilobar. Estamos hablando de presiones que existen en las profundidades de cuerpos planetarios sustanciales, no dentro de algún pequeño asteroide flotando por el espacio.

Los investigadores hicieron los cálculos y sus resultados fueron claros: el cuerpo padre de este meteorito no podía ser pequeño. Tenía que tener un radio de al menos 1.000 kilómetros.

Eso es más grande que Mercurio.

Un mundo comparable a nuestra Luna

Pero la historia se pone aún más fascinante.

Los cristales dentro de NWA 12774 todavía conservan sus bordes afilados y características químicas delicadas. Si estos cristales se hubieran formado en las profundidades de un cuerpo planetario masivo y se hubieran quedado ahí, todos esos detalles delicados se habrían suavizado con el tiempo por el calor y la presión. El hecho de que estén tan bien conservados sugiere que se formaron relativamente cerca de la superficie de su mundo padre.

Si eso es cierto, entonces el mundo original debía ser mucho más grande que la estimación mínima. El equipo calcula que el cuerpo padre probablemente superaba los 1.800 kilómetros de radio, colocándolo en la misma clase de tamaño que la Luna terrestre, acercándose al territorio de Marte.

¿Puedes imaginarlo? Un mundo del tamaño de la Luna, uno de muchos protoplanetas orbitando nuestro Sol infantil, completamente destruido en el caos del sistema solar primitivo. Sus fragmentos se dispersaron por el espacio, convirtiéndose eventualmente en parte de otros mundos rocosos, incluyendo posiblemente nuestra propia Tierra.

Esto cambia todo lo que pensábamos saber

Aquí está lo que realmente me fascina de este descubrimiento: apunta a una ruta completamente diferente para la formación de planetas de lo que los científicos reconocían anteriormente.

Según el investigador Aaron Bell: "Los materiales que formaron el cuerpo padre de las angritas son fundamentalmente diferentes de los ingredientes de la Tierra y Marte. Apunta a una ruta evolutiva distintiva y separada en la formación planetaria."

En otras palabras, había mundos formándose en nuestro sistema solar que tomaron un camino completamente diferente al de los planetas que vemos hoy. Tenían diferentes composiciones, diferentes estructuras y, en última instancia, diferentes destinos. Muchos fueron destruidos en colisiones catastróficas. Sus materiales fueron reciclados en mundos más nuevos.

Y aquí está la cosa: los científicos creen que probablemente había más de estos protoplanetas de lo que jamás nos dimos cuenta. Bell señaló que "hay muchos meteoritos sentados en cajones que no han sido estudiados a fondo". Así que esto podría ser solo el comienzo. Podría haber más mundos perdidos esperando ser descubiertos en colecciones de museos alrededor del mundo.

Por qué esto importa

Me encanta esta historia porque nos recuerda que el sistema solar que vemos hoy es simplemente el superviviente. La Tierra bajo nuestros pies, la Luna en lo alto, Marte girando en su órbita, todos ellos son los ganadores de una lotería cósmica que tuvo lugar hace miles de millones de años. Innumerables otros mundos se formaron junto a ellos, solo para ser destruidos en el caos violento del sistema solar primitivo.

Los materiales que componían esos mundos destruidos no se desperdiciaron, sin embargo. Fueron incorporados en nuevos planetas, nuevas lunas, nuevos asteroides. Literalmente estamos hechos de remanentes de estos mundos perdidos.

Así que la próxima vez que mires la Luna en una noche clara, recuerda: podría ser el único hermano restante de toda una familia de mundos que ahora son parte de nosotros. ¿Qué tal para una conexión cósmica?

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