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Dos Barcos Fantasma Abandonados en Alaska: El Impactante Hallazgo de Buzos en el Hielo del Mar de Bering

Dos Barcos Fantasma Abandonados en Alaska: El Impactante Hallazgo de Buzos en el Hielo del Mar de Bering

2026-05-06T12:03:13.201027+00:00

Dos Naufragios. Dos Historias Distintas. Una Batalla Olvidada.

La Segunda Guerra Mundial evoca imágenes de Europa: el Día D, el avance alemán, la toma de Berlín. Pero hay un dato que pocos conocen: una de las peleas más feroces ocurrió en Alaska. Fue tan remota, helada y aislada que hoy casi nadie la recuerda.

Hablo de la batalla por la isla Attu en 1943, un asedio de tres semanas. No solo dejó tumbas y recuerdos. También dejó reliquias sumergidas en el fondo del mar.

El Hallazgo Bajo el Agua

Un grupo de científicos se lanzó a explorar los restos sumergidos cerca de Attu. Usaron sonares, drones submarinos y archivos antiguos. Localizaron dos pecios perdidos en el tiempo. Los resultados fueron tan impactantes que los publicaron en la revista Heritage.

No se trata de simples chatarra oxidada. Capturaron fotos nítidas y datos precisos de dos barcos: uno nipón, otro yanqui. Cada uno narra un capítulo único de la guerra.

El Barco Japonés: Un Golpe Mortal

Empecemos por el Kotohira Maru. Era un buque de carga japonés, construido en 1918. Funcionaba con carbón y transportaba todo lo que el ejército necesitaba: madera, combustible, comida y equipo. A fines de 1942, lo cargaron para abastecer a las tropas en Attu.

El 5 de enero de 1943, se acercaba por el oeste a la bahía Holtz, base principal japonesa en la isla. Pero un piloto americano lo avistó. Pronto, bombarderos B-24 Liberator lo atacaron.

Una bomba de 500 libras bastó. Impactó en la proa y el barco se hundió a 90 metros de profundidad. Murieron entre 30 y 50 marineros.

Los investigadores lo hallaron casi entero, erguido en el lecho marino. Se ve la proa destrozada, las escotillas de carga y hasta el motor de vapor. Es un congelamiento del instante fatal.

El Buque Americano: Un Error Fatal

La SS Dellwood cuenta otra historia. Lo armaron en 1919 para tender cables submarinos, como una fábrica flotante para redes de comunicación. La Marina de EE.UU. lo reclutó poco después de Pearl Harbor. Hacía rutas entre Seattle y bases en Alaska.

Llegó a Attu en julio de 1943, ya con la victoria americana. Su tarea: conectar por cable el cuartel con un aeródromo en isla vecina. Parecía simple.

Nadie advirtió de una roca sumergida sin cartografiar cerca del cabo Alexai.

Chocó contra ella. El daño fue total. Intentaron rescatarlo, pero fue imposible. Sacaron el equipo útil y lo dejaron hundirse a 35 metros.

Al encontrarlo, sorpresa: esfuerzos posguerra para limpiar el puerto lo aplastaron a propósito. Hoy es un amasijo plano en el fondo. Solo delata su origen la maquinaria para cables entre los restos.

Por Qué Importan Estos Pecios (Aunque Pocos los Conozcan)

Lo que me impacta no es solo el hallazgo. Ningún barco participó en la batalla de Attu propiamente dicha. Pero simbolizan algo enorme.

Japón tomó Attu y Kiska en junio de 1942. Eso expulsó a los unangax, pueblo indígena de la zona por milenios. El Kotohira Maru encarna el refuerzo japonés y el desalojo. La Dellwood, la ocupación americana que impidió su regreso.

No son meros restos. Son pruebas de una guerra en suelo americano —o territorio, al menos— que desplazó a una población entera. Y la mayoría de los estadounidenses ni lo sospechan.

El Contexto Amplio

Este estudio forma parte de un proyecto mayor: registrar y proteger el patrimonio submarino de la Segunda Guerra Mundial en Alaska. Crean un archivo de sitios culturales sumergidos para que historiadores y futuras generaciones entiendan este frente remoto y brutal.

La campaña de las Aleutianas fue un infierno. Miles de soldados batallaron en islas desoladas del mar de Bering, con frío extremo e aislamiento. Condiciones peores que en cualquier otro teatro para tropas yankis. Sin embargo, queda fuera de la memoria colectiva.

Estos naufragios son como pilares de esa historia ignorada: el avituallamiento fallido y la infraestructura posvictoria. Muestran que la historia no siempre surge de donde uno espera. A veces hay que sumergirse 90 metros en el Bering para pillarla.

Impresionante, ¿no?

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