El glaciar que se esfumó en meses
En apenas quince meses, el glaciar Hektoria desapareció en parte de la forma más brusca que se haya registrado. Entre principios de 2022 y la primavera de 2023, retrocedió quince kilómetros. En dos meses concretos perdió cinco kilómetros de largo. Esa velocidad, en hielo que descansa sobre suelo firme, no tiene precedente.
Una historia que empezó hace veinte años
Todo comenzó en 2002, cuando la plataforma de hielo Larsen B se rompió de golpe. Esa barrera flotante actuaba como un freno natural para varios glaciares. Al desaparecer, Hektoria quedó expuesto y empezó a adelgazar y retroceder.
Durante unos años siguió perdiendo terreno. Pero en 2011 el hielo marino se acumuló frente a él y lo sostuvo temporalmente. El glaciar avanzó de nuevo. Parecía que había recuperado cierta estabilidad.
El apoyo se rompió y llegó el colapso
Esa tranquilidad duró poco. En enero de 2022, el oleaje rompió el hielo marino que lo mantenía. Desde entonces, el frente flotante del glaciar empezó a desprenderse en grandes bloques. A finales de ese verano ya había perdido diez kilómetros.
El suelo plano que lo hizo más vulnerable
Los datos de satélite y sensores sísmicos mostraron algo clave: el hielo restante descansaba sobre un tramo plano del lecho rocoso. En esa zona, durante las mareas altas, el agua del mar podía colarse debajo y levantar el hielo. Ese efecto, combinado con el adelgazamiento del glaciar, provocó desprendimientos masivos. En primavera de 2023 perdió otros cinco kilómetros en solo dos meses.
Por qué importa un glaciar pequeño
Hektoria no es el más grande de la Antártida. Sin embargo, la forma en que se derrumbó podría repetirse en glaciares mucho mayores. A medida que aumentan las temperaturas en la península antártica, cada vez más glaciares pierden su lengua flotante y quedan expuestos directamente al mar. Lo mismo ocurre en Groenlandia y Alaska.
Cuando el hielo que toca tierra firme se rompe y cae al océano, sube el nivel del mar. Si este proceso se acelera en glaciares más grandes, las consecuencias para las zonas costeras serán graves.
Nuevas herramientas para vigilar el hielo
La buena noticia es que los científicos cuentan con mejores satélites. Misiones como NISAR y SWOT permiten medir el movimiento del hielo con precisión de centímetros y seguir los cambios en su forma y altura. Investigadores como Naomi Ochwat ya usan estos datos para identificar qué otros glaciares corren riesgo de sufrir un colapso parecido.
Lo que nos deja este caso
El caso de Hektoria muestra que el hielo puede desaparecer mucho más rápido de lo que se creía. Hace unos años, un retroceso así habría parecido imposible. Hoy forma parte de lo que debemos esperar. Seguimos mejorando la vigilancia, pero el hielo se funde a un ritmo que aún no alcanzamos a entender del todo.