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El volcán que nos enseñó que viajar en el tiempo es posible... bueno, casi

El volcán que nos enseñó que viajar en el tiempo es posible... bueno, casi

2026-09-15T09:17:42.997709+00:00

Volcanes y botellas de refresco: la ciencia que podría salvar miles de vidas

¿Alguna vez has agitador una botella de refresco antes de abrirla? Si lo has hecho, ya sabes lo que pasa después: desastre carbónico por todas partes. Pues resulta que los volcanes son básicamente botellas de refresco del tamaño de un planeta. Y entender cómo se "agitan" podría salvar miles de vidas.

Un equipo de científicos de la Universidad de Cornell acaba de publicar una investigación que cambia por completo lo que sabíamos sobre las erupciones volcánicas. ¿Su objeto de estudio? El Monte Etna en Italia, uno de los volcanes más activos del mundo. Y al parecer, también uno de los más impredecibles.

Dos erupciones, dos historias completamente distintas

Esto es lo fascinante: los investigadores analizaron dos erupciones importantes del Etna que no estaban tan separadas en el tiempo geológico. Una ocurrió alrededor del año 122 a.C. (sí, antes del año 1), y la otra hace unos 4.000 años. Pero la forma en que acontecieron estas erupciones no podía ser más diferente.

La erupción del 122 a.C. fue enorme. Estamos hablando de nivel Pliniano, la clase más explosiva de erupciones, bautizada así en honor a Plinio el Viejo, quien describió la catastrófica eruption del Vesubio en el año 79 d.C. Pero lo interesante es que esta eruption no explotó de la nada.

El magma comenzó a ascender desde unos 22 kilómetros de profundidad. Para ponerlo en perspectiva: más o menos la distancia entre la superficie y el borde del espacio. Pero en lugar de dispararse hacia arriba como cabría esperar en una eruption de tal magnitud, el magma se volvió perezoso. Subió lentamente y luego se detuvo a solo 2 o 5 kilómetros bajo tierra durante varias semanas.

¿Puedes imaginarlo? Semanas de presión acumulada mientras el magma se quedaba ahí, liberando gas poco a poco, como un globo que se desinfla lentamente. Y entonces, finalmente: ¡bum! La eruption. Semanas de espera para el evento principal.

Ahora comparémoslo con la otra

¿La eruption llamada Fall Stratified, de hace unos 4.000 años? Personalidad completamente distinta. Este magma salió disparado desde aún más profundidad — entre 24 y 30 kilómetros — y alcanzó la superficie en cuestión de horas.

Horas. No días, no semanas. Horas.

¿Cuál es la diferencia entre estas dos erupciones? Según el profesor Esteban Gazel, quien lideró la investigación, todo depende de los gases disueltos en el magma.

El ingrediente secreto: gas invisible

Aquí es donde la cosa se pone científica, pero quédate conmigo porque es realmente interesante.

Los volcanes contienen volátiles, básicamente gases como agua y dióxido de carbono atrapados dentro de la roca fundida. Piénsalos como las burbujas de tu refresco. Cuando las condiciones cambian, estos gases pueden separarse del magma muy rápido, creando esa presión que genera las explosiones.

El equipo de investigación desarrolló una técnica usando espectroscopía Raman para examinar pequeños cristales que se formaron dentro del magma. Estos cristales contienen burbujas de gas microscópicas — increíblemente pequeñas, tal vez del 1 al 10% del grosor de un cabello humano. Analizando estas burbujas, podían determinar la presión, lo que indica la profundidad, lo que a su vez revela la historia de cómo se desarrolló la eruption.

¿Qué encontraron? La eruption que duró horas tenía una concentración mucho mayor de dióxido de carbono. La que se extendió durante semanas estaba más controlada por el agua.

Algunos volcanes son sobre todo de CO2 (como los de islas oceánicas), y otros están dominados por el agua (como los de zonas de subducción). Pero ¿el Etna? El Etna tiene ambos, compitiendo por el control. Y cuando gana el CO2, las cosas se mueven rápido y desde las profundidades. Cuando el agua toma el mando, la acción ocurre en niveles más superficiales y se desarrolla más lentamente.

¿Por qué debería importarnos?

Aquí está la clave de todo esto. Si los científicos logran entender qué está pasando bajo tierra en un volcano, podrán hacer mejores predicciones sobre qué tipo de eruption podría ocurrir a continuación.

Imagina poder saber si un volcano se está preparando para un evento que durará semanas y dará tiempo a evacuar, o si está a punto de lanzar magma desde las profundidades en cuestión de horas, casi sin previo aviso. Esa información podría salvar literalmente miles de vidas.

El profesor Gazel comparó los volcanes con botellas de refresco, y me encanta la analogía. Abre una con cuidado y puedes servirte una bebida tranquila. Agítala primero y tienes una explosión. Su laboratorio está intentando descubrir exactamente cuánto "agitación" está ocurriendo bajo la superficie.

La reflexión final

El Monte Etna puede parecer un gigante manso desde fuera. Lleva siglos en erupción activa y es incluso un destino turístico popular. Pero si profundizas un poco (nunca mejor dicho), descubres un volcano con múltiples personalidades, capaz de comportamientos drasticamente diferentes dependiendo de batallas químicas invisibles que suceden a kilómetros bajo nuestros pies.

La próxima vez que abras una botella de refresco, quizás vale la pena apreciar que en algún lugar de Italia, el planeta está haciendo algo notablemente similar, solo que a una escala ligeramente mayor. Y gracias a científicos dispuestos a analizar cristales más delgados que un cabello humano, estamos aprendiendo lentamente a leer las señales de advertencia.

¿No te parece increíble?

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