La noche en que Alcatraz perdió tres hombres
Imagina estar encerrado en una prisión de máxima seguridad en una isla rodeada de agua helada y corrientes traicioneras. El FBI aseguró ante el Congreso que escapar era “casi imposible”. La bahía actuaba como un foso natural imposible de cruzar. Aun así, Frank Morris y los hermanos John y Clarence Anglin lograron lo que nadie esperaba: construyeron una balsa usando solo impermeables.
Lo hicieron en junio de 1962. Y su plan sigue siendo una de las fugas más ingeniosas de la historia de Estados Unidos.
Cabezas de yeso y taladros caseros
No tenían herramientas. Así que improvisaron. Con el motor de una aspiradora rota fabricaron un taladro para abrir los conductos de ventilación que daban a la parte trasera de sus celdas. Tardaron meses. Trabajaban en silencio, solo cuando pasaban los guardias.
Para no levantar sospechas, crearon cabezas falsas con yeso, pintura y pelo humano. Las colocaron en sus camas. Desde el pasillo, parecía que dormían. El truco funcionó.
Una vez fuera de sus celdas, avanzaron por pasillos ocultos, subieron por un taller secreto y alcanzaron el techo. El verdadero desafío estaba por delante: cruzar la bahía.
Impermeables convertidos en balsa
Los reclusos recibían impermeables de goma para el patio. Nadie les prestaba atención. Pero Morris y los Anglin vieron en ellos una oportunidad. Recogieron unos cincuenta, uno a uno, de forma discreta. Los escondieron, los cortaron, los pegaron y los cosieron a mano.
Calentaban las costuras con las tuberías de vapor del edificio. Poco a poco, formaron una balsa de seis por catorce pies, impermeable y flotante.
La ayuda llegó de las revistas
Lo más sorprendente es que aprendieron a hacerlo leyendo Popular Mechanics. Dos números fueron clave: uno de marzo de 1962 sobre dispositivos flotantes y otro de noviembre de 1960 que explicaba cómo hacer patos de goma. Allí encontraron el método para unir piezas de goma con cemento de goma, el mismo que recogían en secreto de los talleres de zapatería y guantería de la prisión.
Los censores no detectaron el peligro.
¿Llegaron a tierra?
Oficialmente, el Buró de Prisiones considera que se ahogaron. El agua estaba demasiado fría, las corrientes demasiado fuertes. Pero el FBI nunca ha descartado que lograran llegar a la isla de los Ángeles o incluso al continente. Hay pistas, avistamientos, rumores. Nada concluyente.
Lo que esta fuga nos deja
No es tanto si sobrevivieron. Es cómo lo hicieron. Usaron lo que tenían: impermeables, cemento, revistas viejas. Contaron con ayuda dentro de la prisión. Un cuarto recluso, Allen West, participó en todo el plan pero no salió a tiempo.
Su historia muestra que, incluso en un lugar diseñado para ser imposible de abandonar, la paciencia y la creatividad pueden abrir una puerta. Una puerta que sigue abierta en nuestra imaginación.