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La evolución humana no fue como te la contaron (y eso es fascinante)

La evolución humana no fue como te la contaron (y eso es fascinante)

2026-05-16T13:48:52.375388+00:00

La evolución humana no fue una línea recta

Olvídate de esa imagen del libro de biología: una fila de criaturas que se van enderezando poco a poco hasta llegar a nosotros. La realidad es mucho más desordenada y, por suerte, más interesante.

Un equipo de la Universidad Estatal de Arizona lleva más de veinte años trabajando en Etiopía. Lo que acaban de publicar cuestiona la idea de que nuestra especie descendió de forma directa y ordenada de una única línea de ancestros.

Dos especies distintas en el mismo sitio

Entre 2,6 y 2,8 millones de años atrás, al menos dos homininos diferentes compartían el mismo paisaje en lo que hoy es el norte de Etiopía. Uno de ellos pertenece ya al género Homo, nuestro propio grupo. El otro es un pariente cercano de los australopitecos, la familia a la que pertenece la famosa “Lucy”.

No eran antepasados y descendientes. Vivían al mismo tiempo, en el mismo territorio, compitiendo o coexistiendo según los recursos. Eso desmonta cualquier dibujo que muestre una sola escalera evolutiva.

Solo trece dientes, pero muy reveladores

La prueba son trece piezas dentales. Aunque parezca poco, los dientes guardan mucha información: qué comían, cómo masticaban, a qué grupo pertenecían. El análisis mostró que estos restos no coinciden con Australopithecus afarensis, la especie de Lucy. Eso confirma que su linaje desapareció hace unos 2,95 millones de años sin dar origen directo al género Homo.

En cambio, los dientes pertenecen a una especie de Australopithecus todavía sin nombre oficial. Los investigadores prefieren esperar más fósiles antes de bautizarla.

Cómo se fecha algo tan antiguo

Etiopía se encuentra en una zona de rift activa. Cada erupción volcánica deja capas de ceniza que contienen cristales datables con gran precisión. Los fósiles quedan atrapados entre esas capas, por lo que los científicos pueden acotar su edad midiendo la ceniza de arriba y de abajo. En Ledi-Geraru, el registro volcánico es tan continuo que permite situar los dientes entre 2,6 y 2,8 millones de años sin margen de error significativo.

Un paisaje más verde

Hoy la zona es un desierto de badlands. Hace 2,8 millones de años era distinto: había ríos, lagos y vegetación. Los sedimentos que rodean los dientes cuentan esa historia. Saber qué plantas crecían y cuánta agua había ayuda a entender por qué dos especies distintas podían vivir cerca sin extinguirse la una a la otra. Probablemente explotaban recursos diferentes o ocupaban microhábitats dentro de la misma región.

Un árbol, no una escalera

Uno de los investigadores lo resume así: la evolución humana es un árbol frondoso, no una escalera. Muchas ramas surgen, algunas desaparecen, otras se cruzan en el tiempo. Durante millones de años convivieron varias líneas de homininos. Una de ellas, la nuestra, siguió adelante; las demás se extinguieron.

Lo que viene ahora

El proyecto Ledi-Geraru ya ha aportado el miembro más antiguo del género Homo y las herramientas de piedra más antiguas conocidas. Ahora buscan más fósiles de esta nueva especie sin nombre para entender cómo se relacionaba con los primeros Homo. Cada hallazgo añade detalles a una historia que aún estamos escribiendo.

Ciencia en movimiento

Lo más estimulante de estos descubrimientos es que obligan a reescribir los libros casi antes de que se publiquen. Esa revisión constante no es un fallo del método científico: es su motor. Seguimos descubriendo, pieza a pieza, cómo llegamos a ser lo que somos.

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