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La mujer que no siente dolor: sus genes podrían revolucionar la medicina

La mujer que no siente dolor: sus genes podrían revolucionar la medicina

2026-09-16T21:42:17.278125+00:00

La mujer que nunca necesitó analgésicos

¿Qué tal si no pudieras sentir dolor?

Seguro que estás pensando algo como "eso sería increíble". Sin dolores de espalda, sin jaquecas, sin esas molestias en las articulaciones cuando hace frío. Suena a paraíso, ¿verdad?

Conócela: Jo Cameron. Es una mujer escocesa que genuinamente no puede sentir dolor físico. Y aunque parezca un superpoder, su historia es en realidad una ventana fascinante tanto a los límites de la biología humana como a posibilidades bastante emocionantes para tratar el dolor crónico.

Cuando Jo tenía 66 años, le operaron la mano. El anesthésico se mostró escéptico cuando ella le dijo que no necesitaría analgésicos después — pero pasaron las horas y estaba perfectamente cómoda. Se fue del hospital habiendo tomado exactamente una dosis de paracetamol, que básicamente las enfermeras le obligaron a tomar solo por cubrirse las espaldas.

Su médico, Devjit Srivastava, se intrigó. Revisó su historial médico y encontró el mismo patrón partout. Ella había rechazado analgésicos después de una operación de cadera. En cada formulario médico, siempre ponía su nivel de dolor como cero. Cuando le hicieron pruebas, los resultados confirmaron lo que parecía imposible: el cuerpo de Jo simplemente no registra el dolor físico.

Espera — el dolor existe por algo

Aquí es donde la cosa se pone interesante. Antes de soñar con un mundo donde nadie sufra, hablemos de por qué existe el dolor.

El dolor no es solo una sensación desagradable. Es el sistema de alarma de tu cuerpo. Es la advertencia que te dice que apartes la mano de la estufa caliente antes de hacerte daño de verdad. Es la molestia que te dice que descanses el tobillo lesionado. Es la señal que dice "aquí pasa algo — presta atención".

Sin esa alarma, el día a día se vuelve peligrosamente impredecible. Los niños que nacen con insensibilidad congénita al dolor a menudo se muerden partes de la lengua porque no se dan cuenta de que se están haciendo daño. Pueden quemarse la boca con comida hirviendo sin inmutarse. Cortes pequeños y quemaduras pasan desapercibidos hasta que ven su propia sangre o huelen carne quemada.

"No es necesariamente un superpoder", me dijo James Cox, genetista del University College London que estudió el genoma de Jo. "Sin dolor, la vida se convierte en una serie de desastres físicos sin detectar".

La propia Jo ha tenido su buena cantidad de lesiones que no notó hasta mucho después. La incapacidad de sentir dolor suena maravillosa hasta que te das cuenta de que también es la incapacidad de saber cuándo tu cuerpo necesita atención.

La ciencia detrás de Jo

¿Y qué hace diferente a Jo? Aquí es donde se pone interesante de verdad.

La mayoría de las personas con insensibilidad al dolor tienen mutaciones en sus receptores del dolor — las terminaciones nerviosas específicas que detectan el daño. Pero el caso de Jo es diferente. Sus mutaciones están en un gen llamado FAAH y una secuencia cercana que los científicos han apodado "FAAH-OUT".

Piénsalo así: tu cuerpo produce de forma natural unas sustancias llamadas endocannabinoides — parecidas a los compuestos del cannabis — que ayudan a regular el dolor y el estado de ánimo. Uno de ellos, llamado anandamida (que viene de la palabra sánscrita para "felicidad"), forma parte del sistema natural de gestión del dolor de tu cuerpo.

Normalmente, tu cuerpo usa una enzima llamada FAAH para descomponer la anandamida una vez que ha hecho su trabajo. Es un delicado equilibrio — suficiente anandamida para mantenerte cómodo, pero no tanta como para que no sientas nada.

Jo tiene mutaciones en ambas copias de su gen FAAH, además de una microdeleción rara en FAAH-OUT. ¿El resultado? Su cuerpo no descompone la anandamida como debería. Básicamente tiene niveles elevados de este químico natural para aliviar el dolor circulando por su sistema todo el tiempo.

Algunos escritores han comparado su fisiología con estar "permanentemente colocada de marihuana". Es una simplificación excesiva — Jo nació con estas mutaciones, así que toda su vida y desarrollo ocurrió dentro de este contexto genético — pero tampoco está totalmente equivocado. Su estado basal es diferente al nuestro de maneras que los investigadores todavía están tratando de entender.

¿Qué significa esto para los demás?

Aquí es donde la historia de Jo podría ayudar realmente a millones de personas.

El dolor crónico es una epidemia silenciosa. Aproximadamente 1.500 millones de personas en el mundo viven con alguna forma de dolor persistente. Es una de las razones más comunes por las que la gente va al médico, y es tremendamente difícil de tratar. Los medicamentos actuales — opioides, AINEs, gabapentinoides — vienen con efectos secundarios serios y riesgos de adicción.

¿Y si pudiéramos desarrollar un tratamiento que "baje" el dolor crónico igual que lo hacen los genes de Jo? No eliminar el dolor por completo (porque, recordemos, el dolor es importante), sino reducirlo a niveles manejables?

Los investigadores creen que esto podría ser posible. El objetivo no es hacer que todos sean como Jo — eso sería peligroso. En cambio, están explorando si las terapias génicas podrían ajustar temporalmente el sistema de anandamida en personas con dolor crónico severo. Piensa en ello como un interruptor de atenuación, no como un botón de encendido y apagado.

James Cox, el genetista que mapeó el genoma de Jo, dice que una terapia génica para el dolor es teóricamente factible — aunque probablemente estemos todavía a años de distancia de algo disponible en tu farmacia local. La ciencia avanza rápido, pero el desarrollo y la aprobación llevan tiempo.

Las preguntas importantes que nadie menciona (pero debería)

Estoy genuinamente emocionado con las posibilidades aquí. La idea de que podríamos aliviar el sufrimiento de millones de personas con dolor crónico usando los sistemas naturales de nuestro propio cuerpo? Eso es hermoso.

Pero también creo que necesitamos tener conversaciones honestas antes de llegar allí.

Primero, está la cuestión del acceso. Si las terapias génicas para el dolor se vuelven realidad, ¿quién las recibe? Estos tratamientos probablemente serán caros, al menos al principio. ¿Estarán disponibles para todos los que los necesiten, o solo para quienes puedan pagar medicina de vanguardia? Esto no es hipotético — ya vemos esto con muchos tratamientos nuevos.

Segundo, ¿dónde trazamos la línea entre eliminar el sufrimiento y eliminar una experiencia humana vital? El dolor es desagradable, absolutamente. Pero también es información. Es retroalimentación. Es parte de lo que nos hace humanos. Cuando empezamos a juguetear con nuestra biología a este nivel, necesitamos ser reflexivos sobre lo que estamos cambiando y por qué.

Y tercero, ¿qué pasa cuando la gente tiene su dolor "atenuado" pero todavía necesita funcionar en un mundo lleno de peligros? ¿Cómo ayudamos a las personas a adaptarse a una percepción del dolor alterada de forma segura?

Mi opinión

Mira, creo que la investigación sobre Jo Cameron es genuinamente importante. El potencial de ayudar a personas atrapadas en dolor crónico — dolor que limita sus vidas, su trabajo, sus relaciones, su alegría — es enorme. Si la ciencia puede encontrar una forma segura de modular el dolor usando nuestra propia biología, eso podría ser transformador.

Pero también creo que la historia de Jo nos recuerda que nuestros cuerpos son más sofisticados de lo que a menudo pensamos. El dolor no es un enemigo que eliminar por completo. Es una característica, no un defecto.

Lo que realmente necesitamos es equilibrio — y quizás, solo quizás, la extraña y maravillosa genética de Jo Cameron nos ayude a encontrarlo.

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