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Lo que la brea de hace 2.200 años revela sobre los romanos y sus barcos

Lo que la brea de hace 2.200 años revela sobre los romanos y sus barcos

2026-08-23T21:17:26.131890+00:00

El Naufragio que Sigue Dando Sorpresas

Voy a ser honesto: nunca pensé que me emocionaría por algo relacionado con alquitrán antiguo. Pero quédate conmigo, porque investigadores acaban de descubrir algo verdaderamente impresionante escondido en los recubrimientos de un barco romano que se hundió hace unos 2.200 años.

El naufragio, conocido como Ilovik-Paržine 1, fue encontrado en 2016 frente a las costas de lo que hoy es Croacia. Y aunque arqueólogos llevan años estudiándolo, un análisis reciente publicado en Frontiers in Materials acaba de revelar secretos que, sinceramente, me dejaron fascinado.

El Impermeabilizante Ancestral

Piénsalo: los barcos antiguos necesitaban protección seria contra el agua, la sal y un montón de organismos marinos que no soñaban más que con devorar los cascos de madera. Durante miles de años, los constructores navales usaron alquitrán natural y brea feitos a partir de resina de pino para impermeabilizar sus embarcaciones.

Pero aquí es donde la cosa se pone interesante. La doctora Armelle Charrié, arqueometrista del Laboratorio de Espectrometría de Masa en Francia, señaló que los investigadores históricamente han prestrado muy poca atención a estos materiales impermeabilizantes. Nos hemos enfocado tanto en la madera y la carga que olvidamos estudiar lo que literalmente mantenía todo junto.

Su equipo decidió cambiar eso. Analizaron el recubrimiento protector de este naufragio romano y encontraron dos tipos diferentes: brea de pino simple y una mezcla de brea de pino con cera de abeja—una combinación que los antiguos griegos llamaban "zopissa". Al parecer, la versión con cera de abeja era más fácil de aplicar en caliente y hacía el recubrimiento más flexible. Bastante ingenioso, ¿verdad?

Polen: La Cápsula del Tiempo que No Sabías que Existía

Ahora viene lo verdaderamente fascinante. Porque la brea es pegajosa por naturaleza (qué sorpresa), actúa como una trampa natural para el polen que flota en el aire. Y gracias a la magia de la química, ese polen puede conservarse durante milenios.

Al analizar el polen atrapado en los recubrimientos del barco, los investigadores podían asomarse básicamente a la vegetación que existía alrededor de donde se hizo o aplicó la brea. El polen de este barco apuntaba a paisajes mediterráneos con bosques de encinas, pinos y ese matorral tan característico del Mediterráneo donde crecen olivos y avellanos.

También encontraron polen de alisos y fresnos—árboles que crecen cerca de riveras y costas. Y esto es lo bueno: también aparecieron rastros de polen de abetos y hayas, árboles que crecen en zonas montañosas. Esto nos dice que la brea probablemente venía de áreas donde las montañas encuentran el mar, como partes de la costa croata.

Las Pruebas de Reparación que lo Cambian Todo

Pero quizás el descubrimiento más fascinante fue que este barco recibió cuatro a cinco capas separadas de recubrimiento a lo largo de su vida útil. La popa y el centro tenían un material consistente, pero la proa mostraba tres capas distintas de recubrimiento.

Esto nos dice algo extraordinario: este barco fue reparado múltiples veces, probablemente en distintos puertos alrededor del Mediterráneo.

Investigaciones anteriores sugerían que la embarcación fue construida cerca de la actual Brindisi en Italia. Pero algunos de los recubrimientos de reparación parecen coincidir con materiales de esa zona, mientras que otros parecen haber sido aplicados mucho más cerca de donde el barco finalmente se hundió.

La doctora Charrié señaló que aunque parece obvio que los barcos que viajaban largas distancias necesitarían reparaciones, en realidad es bastante difícil demostrarlo. El análisis de polen acaba de hacer ese trabajo mucho más fácil.

¿Por Qué Debería Importarnos?

Siendo sincero, creo que esto es importante por varias razones.

Primero, nos muestra que los navegantes del Mediterráneo antiguo no simplemente flotaban sin rumbo—estaban manteniendo activamente sus embarcaciones a través de enormes distancias. Esto habla de la sofisticación de sus operaciones marítimas y redes de suministro.

Segundo, nos recuerda que la arqueología tiene countless historias todavía esperando ser contadas. Hemos estado estudiando barcos antiguos durante generaciones, y sin embargo de alguna manera pasamos por alto los secretos biológicos conservados en sus recubrimientos protectores. Siempre hay más que descubrir si miramos en los lugares correctos.

¿Y finalmente? Simplemente me encanta que podamos tomar un pedazo de brea antigua, analizar su estructura molecular y esencialmente viajar atrás en el tiempo para ver qué árboles crecían cerca hace 2.200 años. La ciencia es bastante mágica a veces.


Fuente: https://www.sciencedaily.com/releases/2026/08/260820202907.htm

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