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Los científicos hicieron que el gato de Schrödinger fuera aún más raro — y tengo preguntas

Los científicos hicieron que el gato de Schrödinger fuera aún más raro — y tengo preguntas

2026-07-03T06:25:06.868348+00:00

Lo que realmente hicieron fue ponérselo más difícil a la física

No voy a mentir: la física cuántica es complicada. Siempre lo ha sido. Pero los investigadores de la Universidad de Oxford acaban de conseguir algo que hasta a los expertos en el tema les dejó la boca abierta. Y eso ya es decir bastante.

¿Recuerdas al gato de Schrödinger? Ese experimento mental del gato que está vivo y muerto al mismo tiempo hasta que alguien lo mira. Fue una idea que Erwin Schrödinger propuso para mostrar lo absurda que puede ser la mecánica cuántica. Pues bien, el equipo de Oxford tomó esa locura y la llevó un paso más allá.

La diferencia clave es esta: normalmente los científicos crean superposiciones cuánticas a partir de componentes relativamente "normales". El equipo de Oxford encontró la manera de construirlas a partir de piezas que ya son de por sí extraño-cuánticas de nacimiento. Es como si en vez de edificar una casa con ladrillos, la hicieras con materiales que ya existen en varias dimensiones al mismo tiempo. No es la analogía perfecta, pero creo que se entiende la idea.

Por qué esto importa de verdad

Hablemos de algo que nadie cuenta bien sobre los computadores cuánticos: son terribilmente frágiles. Los estados cuánticos no aguantan que los observes, que los molesten, que existan en nuestro mundo clásico y desordenado. Por eso estos computadores necesitan estar más fríos que el espacio exterior y aislados de prácticamente todo.

La aproximación del equipo de Oxford podría cambiar eso. Al crear estados cuánticos a partir de componentes que ya son altamente no-clásicos, quizás han encontrado la manera de construir sistemas más resistentes. Piensa en ello así: si los cimientos están hechos de algo inherentemente cuántico, quizás se mantengan mejor cuando chocan con el mundo real.

Raghavendra Srinivas, quien supervisó la investigación, lo expresó de forma elegante: "Creemos que apenas estamos arañando la superficie de lo que es posible, tanto para aplicaciones prácticas como para entender estos estados a un nivel más fundamental".

Me gusta esa cita porque transmite la emoción sin exagerar. Estos científicos construyeron algo genuinamente nuevo y ni ellos mismos terminan de entender todas sus implicaciones. Eso, en ciencia, es de lo más interesante.

La parte técnica (sin el dolor de cabeza)

Los investigadores atraparon un único ion —básicamente un átomo cargado— y usaron su movimiento como un oscilador armónico cuántico. En palabras simples: lograron que una partícula diminuta existiera en múltiples estados de movimiento al mismo tiempo, y sobre esa base construyeron sus nuevos estados de superposición.

Sebastian Saner, autor principal del estudio, explicó que su técnica básicamente les permite "esculpir" superposiciones cuánticas en casi cualquier forma que quieran. Ajustando parámetros del experimento, podían cambiar cómo se relacionan los diferentes estados cuánticos entre sí: su tamaño, dirección y separación.

¿Y cómo supieron que habían tenido éxito? Detectaron negatividad de Wigner en sus mediciones. Esto es, básicamente, la manera técnica de decir "esto no tiene ninguna explicación posible según la física clásica". Cuando los físicos看到这个 patrón, saben que tienen algo auténticamente cuántico entre manos.

¿Qué significa para la tecnología?

Aquí es donde las cosas se ponen interesantes. Los computadores cuánticos actuales dependen fuertemente de los qubits —bits cuánticos que pueden ser 0, 1, o ambas cosas a la vez. Pero el equipo de Oxford apunta hacia un futuro donde los osciladores cuánticos hacen el trabajo pesado.

¿Por qué sería esto mejor? Para empezar, estos sistemas basados en osciladores podrían resistir errores de forma natural. También podrían hacer la corrección de errores —uno de los mayores desafíos para construir computadores cuánticos prácticos— más sencilla y efectiva.

Más allá de la computación, hay algo que me parece aún más fascinante: esta investigación les da a los físicos un nuevo terreno de juego para investigar una de las preguntas más grandes de la ciencia. ¿Dónde está exactamente la línea entre el mundo cuántico —donde los gatos pueden estar vivos y muertos— y el mundo clásico —donde los gatos son vivos o muertos, gracias a Dios—?

Estamos viviendo en una época donde experimentos que antes solo existían en la cabeza de los físicos se están volviendo realidad. Y eso, sinceramente, merece un poco de emoción.


Fuente: ScienceDaily
https://www.sciencedaily.com/releases/2026/06/260614011848.htm

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