La expedición Franklin: cuando la ciencia devolvió la identidad a huesos olvidados
Hay historias que duelen. Esta es una de ellas.
Imaginá esto: 1848. Dos enormes barcos británicos, el Erebus y el Terror, atrapados en el hielo ártico. Llevan casi dos años congelados. Un grupo de supervivientes —unas 105 personas— decide abandonar las naves. Tienen frío, hambre, están desesperados. Empiezan a arrastrar los botes por el paisaje helado, buscando una salida. Buscando sobrevivir.
Ninguno lo logró.
Así nació una de las tragedias más enigmáticas de la historia de la exploración: la expedición Franklin. Durante más de 150 años, arqueólogos e historiadores han buscado respuestas. Encontraron restos humanos con el tiempo, pero identificar a quién pertenecían era casi imposible. Hasta ahora.
El misterio del cuerpo sin nombre
En 1859 encontraron un cadáver. Con él había documentos de un hombre llamado Harry Peglar: los llamados "Papeles de Peglar", que incluían poesía y testimonios sobre lo que ocurría durante la expedición. Un tesoro para los historiadores, porque los registros escritos de esa época son escasísimos.
Pero había un problema. Los efectos personales encontrados no coincidían con el rango de Peglar como capitán de la proa. Durante más de 166 años, la gente debatió: ¿era realmente Harry Peglar o alguien más?
Respuesta: sí era él. Y un equipo de investigadores de la Universidad de Waterloo acaba de demostrarlo con ADN.
Cuatro nombres que vuelven a la vida
Los científicos no se conformaron con una identificación. Siguieron buscando y lograron reconocer a cuatro marineros en total:
- Harry Peglar, del HMS Terror (encontrado a 130 kilómetros de los demás)
- William Orren, David Young y John Bridgens, del HMS Erebus
Los cuatro murieron intentando escapar después de abandonar los barcos. Y acá viene lo que más me impactó: tres de ellos sobrevivieron los primeros tres años de la expedición antes de morir finalmente. No fueron los que murieron temprano en el viaje. Fueron los que se aferraron a la vida con más fuerza.
"La confirmación de sus identidades demuestra que los tres sobrevivieron los primeros tres años de la expedición y fueron parte de la tripulación que intentó escapar del Ártico después de abandonar los barcos atrapados."
Esa frase me golpeó. Tres años de infierno helado, y seguían luchando por vivir.
El periodista de la BBC que descubrió a su propio ancestro
Este detalle me dejó sin palabras.
Uno de los marineros identificados fue John Bridgens. Resulta que un periodista de la BBC llamado Rich Preston es su descendiente directo.
¿Te das cuenta? Trabajaba en programas sobre historias familiares, sin saber que la suya tenía nada menos que una de las tragedias más famosas de la historia de la exploración.
"Cuando el doctor Stenton me contactó por primera vez... fue una sorpresa enorme descubrir que mi ADN coincidía con uno de los marineros de la malograda expedición Franklin."
Rich Preston tenía el programa perfecto sobre genealogía. Ahora tiene la historia familiar definitiva, y nunca lo imaginó.
¿Cómo funciona la identificación por ADN?
Para quienes se preguntan por la ciencia (yo también tenía curiosidad), esto es lo que hicieron los investigadores:
Extrajeron ADN de los restos óseos y lo compararon con el ADN mitocondrial (heredado por vía materna) y el ADN del cromosoma Y (heredado por vía paterna) de descendientes vivos. En los cuatro casos encontraron lo que se llama "distancia genética cero": básicamente, una coincidencia casi perfecta.
Pero hay una trampa: se necesita una línea genealógica ininterrumpida. Esto significa descendencia directa materna o paterna hasta la década de 1840. Los investigadores siguen buscando más descendientes que puedan aportar muestras.
Por qué importa
Sé que esto suena como una nota más de ciencia o arqueología. Pero pensemos en lo que realmente representa.
Durante más de un siglo, esos fueron huesos anónimos. Ahora tienen nombres. Las familias pueden saber qué les pasó a sus ancestros: dónde murieron, con quién murieron. Es cierre para personas que nunca tuvieron respuestas.
Y para el resto de nosotros, es un recordatorio de que detrás de cada tragedia histórica había personas reales, con esperanzas y miedos reales. Harry Peglar escribía poesía en sus últimos días. John Bridgens tenía un tatara-tatara-nieto que terminaría trabajando para la BBC.
Ya no son solo fantasmas. Por fin están en casa.