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¡Partículas a lo bestia! Encontraron un acelerador cósmico en nuestra galaxia que deja enano todo lo que hemos construido

¡Partículas a lo bestia! Encontraron un acelerador cósmico en nuestra galaxia que deja enano todo lo que hemos construido

2026-08-03T09:44:14.926580+00:00

La Vía Láctea esconde un acelerador cósmico que deja al LHC en ridículo

Imagina esto por un momento.

Probablemente conoces el Gran Colisionador de Hadrones. Ese enorme anillo subterráneo entre Suiza y Francia donde los científicos lanzan partículas unas contra otras para estudiar los componentes básicos de la realidad. Es impresionante, claro. Consigue acelerar protones a velocidades cercanas a la de la luz.

Pero aquí viene lo interesante: la naturaleza ya construyó algo mejor.

Científicos acaban de confirmar que nuestra galaxia contiene un acelerador cósmico natural tan potente que deja nuestra mejor tecnología humana reducida a cenizas. Estamos hablando de un PeVatrón cósmico: un acelerador de partículas capaz de impulsar protones más allá del billón de electronvoltios. (Para que te hagas una idea: 1.000.000.000.000.000 electronvoltios.)

¿Qué diablos es un "PeVatrón" y por qué debería importarte?

Te lo explico con palabras sencillas. Un PeVatrón es básicamente un acelerador de partículas natural que existe en algún rincón del espacio y que puede lanzar protones a energías absolutamente desproporcionadas. El "PeV" significa "peta electronvoltios", que en lenguaje científico viene a ser "una cantidad de energía casi incomprensible para un solo protón".

Los rayos cósmicos —que son mayoritariamente protones atravesando el espacio— pueden alcanzar estos niveles de energía. Y llevan décadas intrigando a los científicos. ¿De dónde vienen exactamente? ¿Qué los empuja a tales extremos?

Encontrar un PeVatrón es como dar con el arma del crimen. Nos dice dónde nacen estos rayos cósmicos.

El sospechoso: LHAASO J1912+1014u

El objeto en cuestión se llama LHAASO J1912+1014u y está ubicado en la constelación del Águila, cerca de la estrella Altair. Si conoces el asterismo del Triángulo de Verano, Altair es uno de sus tres vértices. Así que probablemente has mirado en la dirección de este objeto sin saberlo.

Al principio, los científicos pensaron que podría ser un resto de supernova —lo que queda después de que estalle una estrella—. Pero cuando recopilaron más datos, las cosas se pusieron interesantes. Se detectaron emisiones por encima de los 100 billones de electronvoltios, algo que no encajaba del todo con la teoría del resto de supernova.

El trabajo de detective: tres (bueno, cinco) pares de ojos

Aquí es donde la cosa se pone fascinante. Ningún instrumento individual podía resolver este caso. Hizo falta combinar observaciones de cinco observatorios distintos para entender qué estaba pasando:

  • LHAASO (el Observatorio Chino de Cascadas de Aire de Gran Altitud)
  • El experimento Tibet AS gamma
  • Fermi-LAT (un telescopio espacial de la NASA)
  • Chandra X-ray Observatory (otro regalo de la NASA)
  • FUGIN (un survey de radio japonés que usa el telescopio Nobeyama de 45 metros)

Cada uno de estos instrumentos ve distintas partes del espectro energético —desde ondas de radio hasta rayos gamma de altísima energía—. Cuando juntas todos esos datos, obtienes una imagen detallada.

Y esa imagen sugiere con fuerza: LHAASO J1912+1014u es un PeVatrón de protones.

El momento "¡Ajá!"

La prueba clave llegó del comportamiento de las señales de rayos gamma en diferentes niveles de energía. Los rayos gamma se extendían de forma suave desde más de 100 billones de electronvoltios hasta apenas 400 MeV (una energía mucho menor). Esta señal continua e ininterrumpida es exactamente lo que esperarías si fueran protones —y no electrones— los que están haciendo el trabajo pesado.

Si fueran electrones produciendo estos rayos gamma, verías un corte o un patrón diferente. Pero los datos simplemente... fluyen. Como protones siendo lanzados hacia afuera desde un acelerador potente, chocando contra el material circundante y liberando rayos gamma en el camino.

Por qué importa

Los rayos cósmicos lo afectan todo. Influyen en la formación de estrellas, impactan las atmósferas de los planetas y están liés a algunos de los eventos más violentos del universo. Pero como son partículas cargadas, se desvían por los campos magnéticos en su viaje hacia la Tierra, lo que hace casi imposible rastrear su origen.

Por eso encontrar un PeVatrón confirmado es un negocio tan importante. No es solo un descubrimiento curioso —es una fuente concreta que podemos estudiar. Un verdadero acelerador de partículas cósmico, aquí mismo en nuestra propia galaxia, haciendo cosas que nuestras máquinas más grandes solo pueden soñar.

Como dijo el profesor Tsunefumi Mizuno de la Universidad de Hiroshima (paráfrasis mía): "Esta inmensidad de energía convierte a los rayos cósmicos en algo fundamental para la astronomía y la astrofísica".

Eufemismo del siglo, profesor.

¿Qué viene ahora?

Ahora que hemos confirmado que existe un PeVatrón, empieza la diversión de verdad. Los científicos seguirán estudiando LHAASO J1912+1014u para entender exactamente cómo funciona. ¿Qué tipo de objeto es en realidad? ¿Cómo acelera partículas con tanta eficiencia? ¿Habrá otros PeVatrones ahí fuera esperando a ser encontrados?

Quizás estemos presenciando el comienzo de un nuevo capítulo en la comprensión de los rayos cósmicos —esos misteriosos partículas ultrafast que llevan miles de millones de años cruzando nuestra galaxia.

Y sinceramente, no está nada mal estar aquí para verlo.


Fuente: ScienceDaily — "Mysterious Milky Way object accelerates protons beyond one quadrillion electron volts" (26 de julio de 2026)

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