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¿Por qué la mayoría somos diestros? La ciencia ya tiene la respuesta

¿Por qué la mayoría somos diestros? La ciencia ya tiene la respuesta

2026-05-18T09:14:17.911488+00:00

La mano que todo lo decide

¿Alguna vez te has parado a pensar en algo tan simple como la mano con la que escribes? La mayoría de las personas usa la derecha, alrededor de un 90 %. Y eso es raro. Muy raro.

Nuestros parientes más cercanos, los chimpancés y los gorilas, usan las dos manos casi por igual. No tienen preferencias claras. Nosotros sí. Y esa diferencia no es casualidad.

Dos cambios que lo explican todo

Un estudio reciente de la Universidad de Oxford ha analizado más de 2.000 primates de 41 especies distintas. Lo que descubrieron es que nuestra preferencia por la mano derecha surgió de dos grandes transformaciones en nuestra historia evolutiva: caminar erguidos y tener un cerebro enorme.

Cuando nuestros antepasados dejaron de apoyarse en los nudillos y empezaron a caminar sobre dos piernas, las manos quedaron libres. Ya no servían solo para moverse. Podían fabricar herramientas, tallar objetos o dibujar. Y ahí es donde tener una mano más hábil que la otra empezó a suponer una ventaja real.

Después vino el segundo cambio: el cerebro creció. A medida que aumentaba su tamaño y complejidad, también lo hacía nuestra capacidad para tareas delicadas y coordinadas. La especialización de las manos se volvió más marcada. Una mano para lo fino, otra para lo fuerte. Esa asimetría se reforzó con el tiempo.

Retrocediendo en el tiempo

Los investigadores aplicaron su modelo hacia atrás, hasta nuestros ancestros antiguos. Según sus cálculos, los primeros homínidos como Ardipithecus y Australopithecus ya mostraban cierta inclinación hacia la mano derecha, pero era leve. Con el género HomoHomo erectus, los neandertales— esa tendencia se hizo más fuerte. Y con la aparición de nosotros mismos, se consolidó hasta alcanzar el nivel actual.

La excepción que confirma la regla

Hay una especie que no encaja en este patrón: Homo floresiensis, los famosos “hobbits” de la isla de Flores. Tenían un cerebro más pequeño y seguían conservando cierta capacidad para trepar. Y según el estudio, probablemente no eran tan diestros como nosotros. Esa excepción refuerza la idea: cuanto menos bipedal y más pequeño el cerebro, menos marcada la preferencia por una mano.

Las preguntas que siguen abiertas

La investigación resuelve un misterio, pero plantea dos nuevos. ¿Por qué sigue existiendo un 10 % de personas zurdas? Si la diestra ofrece ventajas, ¿por qué la zurda no ha desaparecido?

Y está la cultura. Durante siglos, muchas sociedades castigaron o reprimieron el uso de la mano izquierda. ¿Cuánto de nuestra preferencia actual es biológico y cuánto es producto de esa presión social?

Más que una mano

La preferencia manual no es solo una costumbre. Está ligada a cómo se organiza nuestro cerebro, al desarrollo del lenguaje, al uso de herramientas y a la forma en que pensamos. Es un detalle pequeño que cuenta una historia mucho más grande sobre lo que nos hace humanos.

También abre la puerta a explorar asimetrías en otros animales. Los loros prefieren una pata. Los canguros usan un lado del rabo. ¿Hay un patrón más amplio en cómo la evolución genera diferencias entre un lado del cuerpo y el otro?

Lo que queda claro

Estamos hechos de dos rasgos que nos definen: caminar erguidos y tener un cerebro grande. De esos dos cambios surgió nuestra preferencia por la mano derecha. Una preferencia que, sin ir más lejos, lleva escrita nuestra propia historia evolutiva.

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