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Por qué nos dan asco los insectos (y tiene que ver con tus ancestros)

Por qué nos dan asco los insectos (y tiene que ver con tus ancestros)

2026-08-29T09:30:18.183448+00:00

Por qué nos dan asco los insectos (y no es solo cosa nuestra)

Seamos honestos: la idea de comerse un saltamontes no le hace gracia a casi nadie en Occidente. Pero ¿y si te dijera que ese rechazo tiene raíces profundas... muy profundas? Como en, de miles de años.

Un equipo de investigadores españoles acaba de demostrarlo de la forma más literal posible: analizaron el sarro dental de 33 individuos远古 humanos. Sí, sarro. Ese cálculo dental prehistórico que se acumula en los dientes guarda trocitos de ADN de todo lo que nuestros ancestros se metían en la boca.

Los resultados son fascinantes.

Lo que encontraron

Los científicos examinaron muestras de 745 humanos antiguos que vivieron en Europa, Asia Central y regiones cercanas. Su pregunta era directa: ¿comían insectos nuestros antepasados? ¿Y si sí, qué pasó con esa costumbre?

Resulta que los humanos modernos en el norte de Eurasia — básicamente Europa y alrededores — no comían insectos de forma regular. Pero lo realmente interesante viene ahora: nuestra capacidad genética para digerir bichos lleva decreaseándose unos 9.000 años, justo cuando la agricultura empezó a despegar.

"No creemos que la ausencia de insectos en la dieta se explique solo por factores culturales recientes como la religión o las tradiciones alimentarias", señala Pablo Librado, director del estudio. "Hay una historia evolutiva larga detrás".

En otras palabras: hemos estado perdiendo lentamente la habilidad de digerir properly a nuestros amigos artrópodos durante milenios.

Ahora hablemos de los neandertales

Aquí la cosa se pone buena.

Los neandertales — nuestros primos antiguos — eran mucho más relajados con el tema de los insectos. Su sarro dental contenía mucho más ADN de bichos. Y no estoy hablando de un poco más: los niveles eran similares a los de chimpancés occidentales, que deliberadamente supplementan su dieta con insectos cuando escasea la comida.

Los insectos más comunes en sus dientes eran moscas y mosquitos. El ADN de mosquito aparecía en cantidades especialmente altas, lo que llevó a los investigadores a una hipótesis curiosa: quizás los neandertales comían regularmente carroña que contenía larvas de mosca.

La teoría es que almacenaban presas en zonas pantanosas donde los mosquitos ponían sus huevos. Luego se zampaban las larvas junto con la carne. Sí, es algo asqueroso visualized. Pero hey — hacían lo que podían por sobrevivir.

Y genéticamente hablando? Los neandertales (y los denisovanos, otro pariente humano antiguo) tenían sistemas digestivos mejor equipados para procesar insectos. Literalmente estaban diseñados para comer bichos de formas en que nosotros ya no estamos.

Por qué los trópicos siguieron comiendo insectos

La investigación también reveló un patrón geográfico claro. Las poblaciones más cercanas a regiones tropicales — donde hace calor y los bichos abundan todo el año — todavía carry genetic variants que les ayudan a digerir insectos eficientemente.

A medida que los humanos migraron hacia latitudes más frías, estos genes para digerir bichos empezaron a desaparecer. ¿Por qué? Básicamente por matemáticas y ecología.

En zonas tropicales, insectos como termitas y saltamontes son abundantes y diversos. Puedes cosecharlos de forma sostenible durante todo el año. Son lo suficientemente calóricos para que el esfuerzo valga la pena, y además ayudan con el control de plagas.

Pero ve al norte, donde hace frío y la temporada de bichos es corta. De repente los insectos dejan de ser una fuente práctica de comida. La agricultura ofrecía calorías más confiables. Así que gradualmente, durante miles de años, las poblaciones del norte perdieron tanto la costumbre de comer insectos como el equipo genético para digerirlos bien.

¿Y qué significa esto para nosotros?

Aquí es donde me pongo un poco filosófico.

Creo que esta investigación nos dice algo bastante profundo sobre la cultura alimentaria. Las sociedades occidentales tends a pensar que nuestro rechazo a los insectos es puramente cultural o psicológico — como si fuera un tabú random que hemos invented. Y sí, hay factores culturales, claro.

Pero la ciencia sugiere que nuestro asco tiene raíces más profundas. Nuestros cuerpos literally se adaptaron a no necesitar bichos como comida, y esa adaptación se quedó.

Ahora, mientras el cambio climático presiona nuestros sistemas alimentarios y los investigadores promueven los insectos como fuente sostenible de proteína, básicamente estamos pidiendo que los humanos modernos superen una resistencia que lleva escrita en nuestra biología durante miles de años.

No es de extrañar que la gente en países occidentales se ponga nerviosa ante la idea de una galleta de grillo.

El lado positivo

Dicho esto, la investigación también sugiere que no somos biológicamente incapaces de comer insectos — es más que nos hemos alejado de la práctica. Con suficiente tiempo y cambio cultural, ¿quién sabe? Quizás las futuras generaciones picarán saltamontes tostados con la misma naturalidad con la que ahora enjoy el sushi (que, no hace tanto, también parecía raro y extranjero en muchos países occidentales).

Por ahora, voy a apreciar esta pequeña ventana hacia nuestro pasado evolutivo. Cada vez que vea un mosquito este verano y lo espante, puedo recordarme: en algún lugar de mi árbol genealógico, mis ancestros antiguos se comían felizmente las larvas. Mis ancestros europeos simplemente... olvidaron cómo.

Y honestamente? Creo que estoy bien con que esa tradición familiar particular se quede en el pasado.


¿Qué opinas tú? ¿Probarías insectos como comida, o el factor asco es demasiado profundo? ¡Cuéntame abajo!

Fuente: ScienceDaily

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