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¿Y si tu ordenador tuviera un cerebro de verdad?

¿Y si tu ordenador tuviera un cerebro de verdad?

2026-05-19T12:03:10.689916+00:00

La crisis energética que nadie menciona (y debería)

Me obsesiona una idea: tu móvil tiene más potencia que cualquier ordenador de los ochenta, pero consume mucha más energía que tu cerebro. La inteligencia artificial devora electricidad. Un millón de veces más que lo que gasta tu cabeza mientras lees este texto.

Cada consulta a ChatGPT, cada sugerencia de Netflix o el simple hecho de que tu teléfono te reconozca la cara supone un gasto brutal. Y cuanto más lista se vuelva la IA, más energía necesitará. ¿Tiene esto sentido a largo plazo?

Parece que hay otra vía. Y es tan rara como prometedora.

La revolución de los bio-ordenadores

Un grupo de la Universidad de Princeton se planteó algo radical: en lugar de copiar el cerebro con circuitos, ¿por qué no usar células cerebrales reales?

Suena a película de ciencia ficción, pero la idea tiene lógica.

Antes ya habían intentado cultivar neuronas en láminas planas. El resultado era desastroso. Las células se desorientaban, sus genes se comportaban de forma extraña y acababan muriendo. Era como intentar criar peces fuera del agua.

Las organoides —esos pequeños trozos de tejido cerebral cultivados en laboratorio— mejoraron algo el panorama, pero seguían fallando. Les faltaba oxígeno, crecían sin control y partes de ellas morían. No servían para construir algo estable.

El truco del origami (sí, origami)

El equipo de Princeton decidió probar algo distinto. En lugar de forzar a las neuronas a vivir en dos dimensiones, les dieron un espacio tridimensional con sensores electrónicos integrados.

Para conseguirlo, fabricaron una estructura flexible de malla de polímero. La montaron en plano, colocaron los sensores en puntos estratégicos y la doblaron como si fuera papel. El resultado es una especie de jaula microscópica que ofrece a las neuronas una estructura tridimensional y, al mismo tiempo, les permite ser monitorizadas.

La llamaron 3D-MIND y es, efectivamente, un nombre con estilo.

Cómo crecieron las neuronas

Cubrieron la estructura con una capa de gel rico en proteínas. Luego tomaron neuronas del hipocampo de ratas —la zona del cerebro que gestiona el aprendizaje y la memoria— y las dejaron crecer sobre ella.

Lo sorprendente fue que las células se organizaron solas. Sin instrucciones externas, formaron conexiones naturales en tres dimensiones. Los sensores integrados registraron cómo se posicionaban, cómo desarrollaban sus redes y cómo transmitían señales eléctricas. Todo funcionó. Las neuronas permanecieron estable y activo durante semanas.

Por qué esto cambia las cosas

El punto clave es la eficiencia energética. El cerebro humano consume unos veinte watts. La misma le

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